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lunes, 17 de junio de 2013

Las cerilleras del East End, amenazadas incluso por Jack el Destripador

En julio de 1888, en la fábrica de cerillas Bryant & May, en Bow, al este de Londres, las 1.400 obreras de la empresa, conocidas como 'the matchwomen' (las cerilleras), se declararon en huelga. La sociedad victoriana se escandalizó, no por las condiciones en las que trabajaban, sino porque el lugar para las mujeres no era la fábrica, sino el hogar. Hacían cerillas respirando el tóxico fósforo blanco durante 14 horas al día, sus salarios bajaron al nivel de 1878 y los castigos y las multas respondían a la arbitrariedad.

El día 2 de julio de hace 125 años la dirección de la fábrica despidió a una joven y malnutrida empleada para dar una lección a las huelguistas. Las obreras (muchas de ellas inmigrantes irlandesas, católicas) se encabritaron: eligieron a seis delegadas para pedir la restitución de la despedida, el fin a los castigos y las multas cabildadas y un espacio sin humos tóxicos para comer en la nave de producción.

La activista Annie Besant publicó las condiciones en las que trabajaban las cerilleras, pero se oponía a la huelga. Lo mismo que la Fabian Society, de George Bernard Shaw, el 'think tank' más antiguo de Gran Bretañadedicado al desarrollo de ideas políticas y acciones públicas en el ámbito de la izquierda y el socialismo. Al menos, consiguieron prohibir el contacto directo de los trabajadores con el envenenado fósforo blanco.

Ante la amenaza de la huelga, a las agitadas cerilleras les retiraron varios días de salario mientras crecía en ellas el vínculo de la solidaridad y el orgullo de ser 'matchgirls'. Algunas se caracterizaban por el sombrero que llevaban, sujeto a sus cabezas con unas largas agujas. Una descripción de la época atestigua: "A las cerilleras cuando se les presenta algún problema no dudan en utilizar esas largas y horribles agujas del sombrero para defenderse".


Del relato se deduce que desenvainaban las agujas para mantener su seguridad. La huelga las llevó en manifestación hasta el Parlamento. La delegación que representaba a las 1.400 obreras fue elocuente en sus reivindicaciones. Se entrevistaron con tres diputados. El paso de las cerilleras por algunas calles 'bien' del centro de Londres causó estupor en la opinión pública victoriana. Las peticiones de las trabajadoras fueron atendidas. Allí surgió el mayor sindicato de mujeres del país. La huelga triunfó. Por casualidad o causalidad (los historiadores no se ponen de acuerdo), al año siguiente, 1889, la gran huelga de los trabajadores de los muelles del Támesis, codirigida por el sindicalista y político John Burns (el hombre que acuñó la frase: "El Támesis es historia líquida"), firmó el acta de nacimiento del movimiento obrero y, posteriormente, del Partido Laborista británico.

La historia de las cerilleras del East End de Londres cayó en el olvido. La gran huelga de los hombres de las dársenas ensombreció la gesta histórica de las 'matchgirls', que expandieron el sindicalismo a otros sectores del país en el que se producía la revolución industrial. A la fábrica llegó un anónimo de Jack el Destripador, advirtiendo a las cerilleras de lo que les podía ocurrir.