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martes, 11 de junio de 2013

Los piratas arriaron bandera en Lugo

Con la barba pelirroja, con marcas de viruelas y, la mayoría, pequeños. Así eran los ingleses que llegaron a Lugo a principios del siglo XVII para ser prisioneros en la fortaleza de la ciudad, la del obispo, de origen medieval y reconvertida en cárcel cuando deja de tener una función militar y cuyos restos (una almena y una torre) sobreviven, aun hoy, en una casa de la Plaza del Campo Castelo.

Los prisioneros ingleses fueron capturados en la Coruña, donde habían llegado por barco y en acción de guerra. Corrían los últimos años de la Guerra Anglo-Española, en la que Inglaterra y España se disputaban, en batallas navales, los tesoros de las colonias de América. La piratería formaba parte de la acción bélica.

«Hay constancia de seis ingleses que llegaron a Lugo tras ser capturados, en acción de guerra, en el mar. Las actas no aluden, directamente, al origen de ellos, pero el más probable es que fueran corsarios o miembros de la tripulación de algún buque de la Armada Real británica. Luego había lo que se llamaba patente de corso, por la que los piratas ingleses, de la Monarquía, hacían la guerra con España y quedaban con parte del botín ».

Las coronas inglesa y francesa concedían patentes de corso a los bucaneros para tomar naves enemigas en su nombre. Las monarquías usaban a los piratas para atacar las naves, riquezas y territorios de las potencias enemigas. El beneficio obtenido se compartía con la monarquía. De esta forma, las coronas se ahorraban el elevado costo de reclutar y mantener una fuerza naval permanente. a veces, incluso, los bucaneros eran trabajadores autónomos a los que las coronas podían no reconocer cómo propios. En otros casos, eran ascendidos, como el corsario Francis Drake, que llegó a ser vicealmirante de la Marina Real Británica y que atacó A Coruña en 1589 lo que dio lugar, a su vez, a la rebelión encabezada por María Pita.

María Pita
Los ingleses que llegaron a Lugo lo hicieron diez años después del ataque de Francis Drake. Vinieron por orden del gobernador mayor del reino de Galicia, Luis Carrillo de Toledo, que era el representante del monarca.

«Él pensó en mandarlos para aquí, niños durante un tiempo, hasta decidir que se haría con ellos», explica el profesor Gonzalo Fernández.

NOMBRES

Los piratas que fueron prisioneros en Lugo eran dos capitanes, Guillermo Etduce y Pedro Sin, cuyos nombres aparecen transcritos de esta forma en el Libro de Actas del Ayuntamiento, correspondiente al año 1599 y 1602.

Además, también hay constancia de otros cuatro marineros rasos, que vinieron juntos, en 1600. Se trata de Artur Cuper, Sirdraque Martin, Juan Miluarte y Tomás Quimirlo, probablemente todos ellos con nombres españolizados. Este grupo llegó a Lugo el 13 de marzo de 1600, acompañados por los alguaciles de Vilalba Francisco Fernández y Lope Alonso.

El acta del Ayuntamiento da una completa descripción del físico de estos cuatro piratas, que acabaron en la fortaleza de la ciudad.

«Artur Cuper es un hombre de mediana estatura, 35 años y pelirrojo Sirdraque Martin es un mancebo alto de cuerpo, penque de viruela, de 26 años; Juan Miluarte es un mancebo lampiño, tiene 24 años y es pequeño de cuerpo y Tomás Quimirlo es un mancebo de 21 años, pequeño».

Los piratas eran custodiados por Bastián de Padilla, a lo que el Ayuntamiento le ordenó, como recoge la pertinente acta, que vigilara a los ingleses y evitara que salieran de la fortaleza. Se les daba un dinero como socorro y no se les sacaba de la fortaleza por temor a que escaparan.

SOCORRO

Los ingleses le acaban saliendo caros al Ayuntamiento hasta el punto de que el 31 de marzo de 1600, el organismo municipal adopta una decisión que después anulará: sacar dinero del arca de las tres llaves.

La sangría económica que supone el pago del socorro a los ingleses deber al Ayuntamiento a pedir ayuda a los lucenses y así el 26 de abril de 1600 cuatro vecinos se ofrecen para donarles ropa. Se trata, en este caso, de Juan López, de Gondar; Pero del Rego; Bastián López, de Muxa, y Bastián Picón.

Pero ni así. El Ayuntamiento acuerda, el 5 de julio de 1600, hacer cuentas del dinero que gastó con los piratas y se le pide al procurador general que reintegre el dinero y acerque 100 reales más. Con todo, las arcas seguían desinfladas y el 14 de octubre de 1600, una vez agotado el dinero, el Ayuntamiento ordena que se cojan fondos procedentes del negocio de la sal. Finalmente, en marzo de 1601, el Ayuntamiento ordena que se escriba al gobernador para pedirle que los ingleses se vayan y que se pague el que se gastó en ellos.

La razón por la que se hacían prisioneros a los ingleses no sólo obedecía a la guerra librada con Inglaterra. Era a época de la Inquisición en España y los piratas se veían con muy malos ojos por ser un caldo de cultivo para el protestantismo. «Estaba prohibida su residencia en todo el territorio hispano. La cosa llegaba hasta tal punto que los agentes comerciales de los ingleses en España eran irlandeses. Esto pasaba aquí en Galicia, en la comarca del Ribeiro, donde los irlandeses fueron agentes comerciales de los británicos para la exportación del vino».

El 18 de mayo de 1601, llega al Ayuntamiento una patente del gobernador para que lleve la tres de los ingleses a Chantada.



No serían, ni mucho menos, los últimos ingleses. El 5 de abril de 1602, el soldado Alonso de Luque se presenta con una carta del gobernador y con un capitán inglés llamado Pedro Sin, según la transcripción en el acta, para que se encarcele con los otros. Un mes después, los tres prisioneros se quejan al Ayuntamiento de Lugo de cómo los tratan.