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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Eróstrato. El pastor que quería ser famoso

Hoy os voy a contar la historia de Eróstrato, un hombre sencillo, pastor y condenado al olvido por orden de Artajerjes.
Y es que fueron muchos los que pasaron a la historia por sus campañas militares y conquistas, otros muchos por sus actos no tan gloriosos como es el caso.
Eróstrato nació en Éfeso y desde tierna infancia ya dejo muestras de sus ansias de fama, hijo de un padre desconocido y de una madre que lo maltrataba decía de si mismo ser un elegido, hijo del fuego, ya que bajo su pezón mostraba una marca de nacimiento en forma de media luna.
Las que asistieron su nacimiento predijeron que estaba sometido a Ártemisa. Fue colérico y permaneció virgen.
Su ilusión era convertirse en sacerdote,le gustaba observar la procesiones de ofrendas destinadas a la diosa a la cual se creía consagrado. Pero al carecer de un padre conocido ya que decir ser hijo del fuego, no convenció a muchos. Su solicitud fue denegada y el expulsado del recinto cuando intento retirar en varias ocasiones el precioso y pesado tejido que ocultaba a Ártemisa.
Vivió en la ladera del Koressos, en una gruta excavada por los antiguos, un lugar no muy lejano y desde el cual se dedicaba a vigilar en la noche el recinto sagrado. Eróstrato se endureció odiando las riquezas que le rodeaban. Su asco hacia el amor de las cortesanas era extremo. Creyeron que reservaba su virginidad para la diosa. Pero Ártemisa no tuvo piedad de él.

La noche del 21 de julio del año 365 a.C, casualmente el mismo día que nacía el gran Alejandro Magno, Eróstrato arropado por una noche sin luna se introduce en el templo aprovechando que los guardias dormían junto a las lamparas sagradas y se apodera de una.
El templo poseía un tesoro encerrado en una especie de colmena pintada de verde, cuya puerta piramidal se hallaba erizada de clavos de bronce. Allí, entre anillos, grandes monedas y rubíes lo esperaba la diosa.
Su lámpara la ilumino y después de besar la estatua sagrada dio una vuelta alrededor, y vio de pronto la pirámide verde donde estaba el tesoro. Agarró los clavos de bronce de la puertecilla, y la arrancó. Hundió sus dedos entre las joyas vírgenes pero las dejo en su lugar.
Volvió sobre sus pasos y esta vez ante la mirada de Ártemisa acercó su lámpara a la preciosa tela y ardió. Al principio despacio; luego, por los vapores de aceite perfumado que la impregnaban, la llama subió, azulada, hacia el rostro de la diosa.

El fuego se enroscó en los capiteles de las columnas, reptó a lo largo de las bóvedas. Una tras otra, las placas de oro consagradas a la poderosa Ártemis cayeron desde las suspensiones a las losas con un estruendo de metal. Luego el haz fulgurante estalló en el techo e iluminó el acantilado. Las tejas de bronce se desplomaron. Heróstratos se erguía en medio del resplandor, clamando su nombre en la oscuridad.
Hoy en día apenas se conservan restos del templo

 Los guardias cogieron al criminal. Lo amordazaron para que dejara de gritar su propio nombre. Fue arrojado en los sótanos, atado, durante el incendio.

Artajerjes envió inmediatamente la orden de torturarlo. No quiso confesar,algunos cuentan que en el momento de la tortura su marca en media luna se iluminaba.
No alegó más causa a su acción que la pasión por la gloria y la alegría de oír proferir su nombre.Y que el y solo el era el único dios entre los hombres.
Artajerjes lo mandó ejecutar y en las ciudades bajo su reinado se prohibió nombrar, o poner el nombre del ajusticiado a ningún descendiente de su pueblo bajo pena de muerte,lo cual, evidentemente, no bastó para borrar de la historia ni el nombre ni tampoco la acción. En cita de Valerio Máximo: «Se descubrió que un hombre había planeado incendiar el templo de Diana en Éfeso, de tal modo que por la destrucción del más bello de los edificios su nombre sería conocido en el mundo entero». También el escritor e historiador griego Teopompo reseñó el incendio y registró para la historia el nombre de Eróstrato.

Su odio y su locura fueron los responsables de la destrucción del templo de Artemisa (diosa Artemisa o Diana) de Éfeso, considerado una de las siete maravillas del mundo.

La acción realizada por Eróstrato, y su intención de lograr la fama a cualquier precio han tenido eco en la modernidad. En el ambiente académico de la psicología se denomina complejo de Eróstrato al trastorno según el cual el individuo busca sobresalir, distinguirse, ser el centro de atención.

El nombre de Eróstrato ha pasado a las lenguas modernas.De él se acuñó el término "erostratismo", que según el Diccionario de la lengua española significa: "Manía que lleva a cometer actos delictivos para conseguir renombre"