TRADUCIR A:

English plantillas curriculums vitae French cartas de amistad German documentales Spain cartas de presentación Italian xo Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

domingo, 10 de noviembre de 2013

La picardía de Sixto V

Sixto V, elegido Papa en 1585, fue el 228 Pontífice de la Iglesia católica, y uno de los hombres más especiales que han gobernado en Roma. De él se cuentan anécdotas curiosas como esta que vamos a narrar.

Cuando el Papa anterior (Gregorio XIII) estaba ya muriéndose, los cardenales empezaron a pensar en el sucesor, y para eso deseaban uno que estuviera bien ancianito para que les diera a ellos libertad de hacer lo que quisieran. Entonces Félix Peretti (que así se llamaba el futuro Sixto V) empezó a aparecer como muy débil de salud y decaído. Andaba apoyado en un bastón, y su voz estaba muy debilitada. Ante esta presencia del Cardenal Peretti, los demás Cardenales dispusieron elegirlo Papa. Pero apenas lo hubieron elegido, el que parecía un viejito achacoso, se enderezó, tiró lejos el bastón, y entonó un canto a Dios con una voz tan fuerte y valerosa, que los Cardenales se quedaron aterrados.


Una vez elegido Papa, Sixto Quinto se dedicó a obtener que cada uno cumpliera con su deber como lo debía hacer. Los Cardenales estaban muy disgustados porque recordaban que este hombre había sido, de pequeño, un cuidador de cerdos al cual unos padres franciscanos encontraron leyendo el catecismo mientras vigilaba sus animalitos, y habiéndole preguntado qué deseaba ser, y obtenido por respuesta que "un gran hombre de Dios", se lo llevaron y le costearon los estudios, y por propio esfuerzo llegó a los más altos puestos. Esto disgustaba a los Cardenales: que un antiguo cuidador de cerdos los viniera a mandar a ellos que eran todos de altas familias (en ese tiempo los Cardenales se elegían entre las gentes de las familias más ricas, y no siempre eran buenas personas como se deseara). Entonces dispusieron los Cardenales disgustados mandar pintar un cuadro del papa Sixto, en medio de un docena de cerdos, y así lo hicieron. El Papa vio el cuadro y en vez de disgustarse por el atrevimiento, sonrió amablemente y mandó al pintor que a cada cerdo le pusiera un vestido de cardenal. Y así la broma quedaba devuelta.