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jueves, 6 de noviembre de 2014

Breve historia de la bufanda.

Sus inicios datan del Antiguo Egipto. Servían para recoger el sudor: nada que ver con la actualidad, pues las utilizamos cuando hace menos de diez grados. En la China antigua, eran utilizadas para identificar el rango de los guerreros. Y fueron los muy rebeldes croatas en Francia los que las pusieron de moda, dando lugar, después, a la corbata.

Pero la bufanda actual tiene su cuna en Inglaterra, puesto que se presupone que en un 80% de los casos se trata de una prenda de lana. De punto grueso o de fino tejido, protegen el cuello del invierno. Los sikhs, en la India, la usan de turbante. Los árabes la utilizan de keffiyeh. El caso es que siempre cumple un rol protocolario en otras civilizaciones. No en la nuestra, por más que sea parte del atuendo del sacerdote en la liturgia. La bandana, procedente del estado de Gujarat, en el noroeste de la India, es otra de sus versiones.
Señas de identidad


Pero en nuestro mundo es una pieza clásica para el poeta y el estudiante. Para el pobre, el perroflauta o el elegante. Todo depende del cómo y el cuándo. Las bufandas de equipos de fútbol o de escuelas inglesas son todo un símbolo. También ha habido significativas versiones en el cine, como las bufandas en «Love Story» o en «Harry Potter».

Actualmente, cualquier marca que se precie ofrece una variedad impresionante de bufandas para ellos y ellas. Missoni, Vuitton, Gucci, Etro, Dior o Prada, no dudan rentabilizar un filón que sigue siendo útil: una prenda que cuando se regala, se utiliza. ¡Albricias! Vaya excepción.

De Oriente a Occidente, del 4.000 A.C. hasta el 2.014, sigue funcionando. La bufanda es una máquina de hacer dinero y de ahorrarnos resfriados. Hay varias maneras de llevarla, pero para ellos, aconsejamos «poca creatividad». Suelta, en los dos lados, o con el nudo francés, son las opciones más elegantes. El nudo francés consiste en hacer un hueco en la doblez de la bufanda, para incluir dentro las dos tiras. El resto de las opciones, son versiones trasnochadas de los poetas parisinos y de algún que otro amigo deOliver Twist.

Los escoceses se han hecho reyes del «mambo» de la bufanda. Con la mejor lana, los telares más sofisticados y los mejores dibujos –siempre con el clan in mente– han declinado el artilugio hasta llevarlo a cotas impensables. Una bufanda es hoy uno de los mejores regalos para ellos y ellas en invierno. Hagan juego, señores.

Fuente. Aquí