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jueves, 27 de junio de 2013

Isabel la ninfómana y... ¿Dónde vas, Alfonso XII?

Cuando Isabel fue proclamada reina solo tenía trece años, pero a pesar de que su corta vida no había sido fácil, era de carácter vivaracho. Fue el militar Francisco Serrano, a quien la reina llamaba siempre “el general bonito”, quien inició a Isabel en el erotismo. Isabel descubrió la sexualidad demasiado pronto y se sumió en su disfrute; los deslenguados, que nunca faltan entre el populacho, la llegarían a tildar de reina ninfómana.

A la hora de elegir marido, la personalidad de quien sería su cónyuge se convirtió en una cuestión de Estado. Al final, la solución fue, quizá, la peor posible. Se eligió a Francisco de Asís de Borbón, primo carnal de Isabel. Don Francisco de Asís tenía fama de afeminado, no se le conocían amistades –y menos relaciones con mujer alguna– y sí en cambio afinidades más que sospechosas con otros hombres. La primera reacción de Isabel al conocer al elegido fue precisamente un lamento de horror: “¡No, con Paquita, no!” El 10 de octubre de 1846, día del cumpleaños de la reina, se celebró el matrimonio. La unión fue un desastre desde el mismo instante en que se quedaron a solas en los aposentos de palacio. Isabel hizo más tarde esta confesión con su acostumbrada sinceridad: “Qué podía esperar de un hombre que en la noche de bodas llevaba más encajes que yo”. Francisco halló pronto compañía en Antonio Ramón Meneses, un apuesto joven con quien logró estabilidad emocional. Oficialmente, el matrimonio real tuvo once hijos, que se inscribieron en los registros de la Real Familia como legítimos, aunque solo sobrevivieron cuatro. Francisco de Asís no tuvo ningún reparo en aceptar la paternidad de los hijos que alumbraba su esposa, a cambio de recibir un millón de reales por presentarlos en la Corte. 
A un bizarro militar, el capitán Enrique Puig Moltó, se le atribuye la paternidad del que sería el rey Alfonso XII. Cuentan que la reina se sinceró así con su heredero: “Hijo mío, la única sangre Borbón que corre por tus venas es la mía”. Alfonso de Borbón, lejos aún de ser coronado como Alfonso XII, conoció en Viena, en 1872, a la cantante de ópera Elena Sanz, con la que inició una ardiente relación que no se interrumpió ni cuando él, en 1875, con la Restauración, alcanzó el trono español, ni durante los dos matrimonios del rey.

Ya sabemos dónde iba Alfonso XII.


Efectivamente, mientras se desarrollaban los románticos acontecimientos del noviazgo y matrimonio de Alfonso XII con Mª de las Mercedes de Orleáns y el triste desenlace de la muerte a los pocos meses de ella, Elena seguía recibiendo con asiduidad en su casa las visitas del monarca. Al morir Mª de las Mercedes, el rey se retiró por un tiempo al palacio de Riofrío, para llorar la desgracia conyugal. Pero allí estaba Elena Sanz para consolarle. De modo que la pregunta de la célebre cancioncilla, ¿Dónde vas, Alfonso XII, dónde vas, triste de ti?, tiene una fácil respuesta: a Riofrío con Elena. Cuando, en noviembre de 1879, el rey volvió a casarse, esta vez con la archiduquesa Mª Cristina de Habsburgo, Elena estaba embarazada de siete meses. Alfonso prosiguió sus relaciones con su amante.
Alfonso XII con su segunda esposa, María Cristina de Austria.
Cuando falleció el rey, la regente expulsó de España a Elena Sanz y a sus hijos. El 17 de mayo de 1886 nació el esperado hijo póstumo de Alfonso XII y Mª Cristina y, caso único en la historia, fue rey de España desde el mismo instante de su nacimiento. El matrimonio de Alfonso con Victoria Eugenia de Battenberg, la princesa más bella de Europa, nieta preferida de la gran reina Victoria británica, tuvo unos prolegómenos de noviazgo maravilloso… y un desarrollo catastrófico. Alfonso, incansable, mantuvo siempre múltiples aventuras amorosas y, al igual que su padre, lo hizo antes y durante su matrimonio. Sin embargo, una sola mujer iba a ser el verdadero amor de su vida. Se llamaba Carmen Ruiz Moragas, y era, por seguir la costumbre, actriz. Se conocieron hacia el año 1916 y convivieron hasta los sucesos de 1931 y el exilio del rey. La familia de Carmen, perteneciente a la alta burguesía, no vio con ningún agrado aquellas relaciones y consiguió que contrajera matrimonio con el célebre torero mexicano Rodolfo Gaona, en un intento de romperlas. Fue en vano: esa unión de conveniencia duró unos meses y se reanudó la de Carmen y Alfonso. Tuvieron dos hijos: Ana María Teresa y Leandro Alfonso, nacido en 1929. Pero la biografía de este último es ya otra historia contemporánea.