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jueves, 28 de febrero de 2013

Simón el Mago en la catedral de León

La historia de Simón el Mago, como no podía ser de otra forma está plagada de leyendas y mitos al igual que la de Jesús de Nazaret.

Pertenece a los Samaritanos, un grupo religioso que aún hoy sobrevive en Israel y que se considera una rama del Judaísmo.Dice ser el verdadero Cristo y como veremos a continuación sus "milagros" de ser ciertos, no tienen nada que envidiar a los de Jesús de Nazaret.

Curiosamente Simón en su sus viajes se hace acompañar por Helena, una prostituta a la que rescata de un prostíbulo de Alejandria, esto recuerda bastante a la historia de María Magdalena.es durante estos viajes en los que nuestro personaje obra los milagros mas sorprendentes.


A los adeptos al gnosticismo cuando entran en la catedral, al dar la vuelta a la girola, tras pasar la capilla de la virgen blanca, se encuentran en la vidriera central de la capilla de San Antonio, con dos escenas protagonizadas por Simón el Mago, el más antiguo de los maestros gnósticos.

Es posible encontrar otras referencias de Simón el Mago en San Justino Mártir e Ireneo quienes cuentan que Simón era adorado en la forma de Zeus (principal dios de la mitología griega) y Helena en la de Atenea (diosa griega de la sabiduría). 

Toda una sorpresa encontrar este personaje contemporáneo de Cristo que según narran los hechos de los apóstoles había nacido en Samaria y rivalizaba con el apóstol Felipe, este con milagros, aquel con magia.

Parece ser que todas las virtudes que se atribuían a esta especie de “magister” en filosofía y magia le venían de un viaje que hizo a Alejandria.



Una iniciación dirían otros. 

El propio San Irineo llamaba a Simón “el padre de los gnósticos”; Clemente I lo presento como “la potencia izquierda de Dios” o como la oposición de San Pablo. Su discípulo, Menandro, seria maestro de Saturnino y Basilides. Este ultimo dio muchos quebraderos de cabeza a la iglesia a partir de una interpretación extremadamente compleja de la redención. Como siempre, la leyenda devora una gran parte de la realidad.

Algunos de sus amigos de infancia contaban como el samaritano hacia andar estatuas, pasaba por el fuego sin quemarse o volaba. 


La escenografía estaba preparada para el discurso posterior. Simón el Mago afirmaba que Adán había sido creado ciego y que “el fuego es la raíz de todo”, opinión no muy desencaminada a la luz de lo que hoy conocemos como materia.

La historia de este “padre de herejes” así lo llamó Irineo, tiene un final trágico. La iglesia arremete contra el usurpador, se erige en competido de Cristo y sus discípulos le identifican con Dios descendido a la tierra.

Pero pronto sucede un contramito. El personaje se rinde a la mayor capacidad milagrera de Felipe y se convierte.

Propone a Pedro el poder de conferir, como el resto del apostolado, el Espíritu Santo y define para la posteridad la lacra medieval de la simonía.

La respuesta de Pedro fue de absoluta indignación. El taumaturgo metido a negociante espiritual marcha a Roma y consigue levitar.

Pero el apóstol se concentra con mucha más intensidad y el pobre Simón se rompe el cráneo al precipitarse desde las altura, casi de igual forma que la teoría que defendía: la Sabiduría cae al mundo y aspira a volver a ascender al cielo.

 
Es difícil conocer con exactitud el final de la vida de Simón y el modo en el que murió y mucho menos el lugar en el que reposarían sus restos.

No sabemos si volvió Simón a las alturas celestiales. Pero al menos, desde la vidrieras catedralicias donde un anónimo maestro vidriero, adepto quizás al catarismo, le representó, aún vela por los iniciados por los que buscan lo invisible; y, de paso, y advierte de lo que le puede suceder a quienes les entran tentaciones de comprar o vender bienes espirituales por precios temporales.

Existe la teoría de que Simón el Mago podría haber sido un apodo de Pablo de Tarso, que habría sido rechazado por la Iglesia oficialIsta y que cambió su nombre tras ser rehabilitado, pero esta ya es otra historia.