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sábado, 13 de junio de 2015

Infiel, bebedor y uno de los grandes gobernantes de la Historia.

En la vida hay que ir dejando huellas, no cicatrices. El emperador romano nacido en la Bética Marco Ulpio Trajano, quintaesencia de algunas virtudes desaparecidas de los escenarios de la política, primero de origen no itálico, nativo de las orillas del Guadalquivir, precursor de la dinastía de los Antoninos, creador posiblemente de la saga más longeva de la historia de Roma desde la leyenda de la Loba del Capitolio e hijo adoptivo del emperador Nerva; pasaría a la historia como un genial comandante militar cuya acción política paralela y su elevado bagaje ético solo serían igualados por uno de los miembros de la saga,Marco Aurelio, el filósofo y autor de las famosas Meditaciones. Trajano era un hombre de estado admirado por la plebe, patricios, senadores, ejército y bastante menos por los adversarios que tuvieron que padecer sus genialidades en el campo de batalla.

El joven Trajano combatía al mando de su esforzada legión contra los periféricos alborotadores germanos en los limes de la brumosa Europa septentrional

Mercado de Trajano

Tras aplicarles severos correctivos a los Dacios, Nabateos y Partos –máximo momento de expansión del Imperio Romano– que en vano habían intentado echar un pulso a este sereno, ecuánime e ilustre emperador, una disentería imparable acompañada de unas monumentales fiebres alucinatorias lo transfirieron a otro plano de la existencia. Un ictus tardío y una mano negra todavía hoy por descubrir contribuyeron a segar la vida de este genial gobernante, inusual por incorruptible y alabado por su proverbial honestidad.

Muchas cosas ocurrieron antes de que Trajano fuera ultimado por las fiebres. En los tiempos en que el terrorífico y depravado Domiciano, especialista en empalamientos, crucifixiones y todo tipo de incatalogables aberraciones, daba rienda suelta a su asesino instinto, el jovencísimo Trajano combatía con denuedo al mando de su esforzada legión contra los periféricos y siempre insurrectos alborotadores germanos en los limes de la brumosa Europa septentrional.



El joven Trajano combatía al mando de su esforzada legión contra los periféricos alborotadores germanos en los limes de la brumosa Europa septentrional

Tras aplicarles severos correctivos a los Dacios, Nabateos y Partos –máximo momento de expansión del Imperio Romano– que en vano habían intentado echar un pulso a este sereno, ecuánime e ilustre emperador, una disentería imparable acompañada de unas monumentales fiebres alucinatorias lo transfirieron a otro plano de la existencia. Un ictus tardío y una mano negra todavía hoy por descubrir contribuyeron a segar la vida de este genial gobernante, inusual por incorruptible y alabado por su proverbial honestidad.

Muchas cosas ocurrieron antes de que Trajano fuera ultimado por las fiebres. En los tiempos en que el terrorífico y depravado Domiciano, especialista en empalamientos, crucifixiones y todo tipo de incatalogables aberraciones, daba rienda suelta a su asesino instinto, el jovencísimo Trajano combatía con denuedo al mando de su esforzada legión contra los periféricos y siempre insurrectos alborotadores germanos en los limes de la brumosa Europa septentrional.

Domiciano, el exterminador de cientos de prostitutas, miles de cristianos y docenas de senadores, era un cualificado mensajero del Apocalipsis. Diversas conjuras senatoriales contra él acaban con los osados ante los leones. Pero hacia el año 96 el senador Nerva finiquita a la bestia. Los pretorianos que Domiciano trataba con esmero ante la ostensible perdida de prebendas, se rebelan contra Nerva. In extremis, el aura del todopoderoso general y humanista vuela hacia Roma para entrar en la mente de un inspirado Nerva que lo adopta sin más dilación. Roma evita el caos y los pretorianos se sumen en una larga y paralizante reflexióna sabiendas de la fama de Trajano. Saben que cualquier desatino por su parte propiciaría una rápida y contundente deslocalización de sus cabezas.

Cuando en las postrimerías del primer siglo de nuestra era Trajano recibe la luctuosa noticia del fallecimiento del sabio y bienintencionado Nerva (del cual era hijo adoptivo), muerto en extrañas circunstancias –pues había fallecido de manera natural, algo inusual en la Roma Imperial–, y antes de entrar triunfalmente en la capital del mundo para el tradicional memento moris, decide embarcarse en la que sería su mayor obra de ingeniería civil, la famosa calzada que va desde Maguncia a Augsburgo. Es entonces cuando de incógnito e infiltrando a un buen número de los suyos en la Ciudad Eterna, coge por sorpresa a los siempre problemáticos pretorianos que tantos disturbios habían ocasionado en el interregno entre Nerva y él, y los pone en fila de a cuatro en dirección a las peligrosas fronteras germanas a demostrar sus habilidades.
En la cumbre del poder

Infiel a destajo, amante de los efebos, bebedor inasequible de morapio; las zonas erróneas de Trajano pasan desapercibidas para su público. Bate un record histórico al ampliar el Circo Maximo hasta un aforo de 250.000 espectadores. Pone a los belicosos Dacios en su sitio. Pacta con el Senado, acaba con los díscolos pretorianos nivelando hombros, no sube los impuestos sino que persigue el fraude por doquier, promueve la distribución de alimentos entre los pobres y desahuciados, es respetado por sus legionarios porque comparte las mismas calamidades que ellos; no es un “superior” al mando de “elementales”. Allá, en las alejadas fronteras del Danubio, donde Roma había perdido legiones y prestigio, Trajano funciona como una apisonadora. La provincia de la Dacia es ya una realidad.

Cuando la conspiración le susurra inquietante desde Roma la dirección de su destino, Trajano echa mano de un amigo de la infancia, Lucio Quieto

No es un represor al uso; une, amalgama, tiende puentes. Es consciente de sus propios defectos, inherentes a la condición humana, sabe lo que se hace, es tolerante. Condición sine qua non para evitar derramamientos innecesarios es que se acepte la autoridad imperial de manera explícita e indiscutible .Cada uno de puertas adentro puede construir su particular mundo y deformar la realidad como le apetezca. Prima lo privado ante el prejuicio.

En la campaña contra los partos sublevados Trajano hace un uso temprano de la Blitzkrieg. Reúne a sus legiones y en un ataque demoledor conquista íntegra Partia y la casi totalidad de Mesopotamia. Nunca antes Roma había sido tan grande. Pero Trajano vive en un cuerpo animal y perecedero. Sufre un ictus que lo humaniza. Cuando la conspiración le susurra inquietante desde Roma la dirección de la puerta trasera de su destino, Trajano echa mano de un amigo de la infancia; Lucio Quieto, militar tan bueno o mejor que él, pero respetuoso de la amistad y de la jerarquía.

La Columna Trajana

Más Adriano, un sobrino zascandil y desagradecido que lleva años cortejando a Plotina, la mujer del emperador, tiene otras ideas. La muerte de Trajano es un enigma indescifrable. Quizás lo envenena la agraviada y vengativa Plotina, quizás no puede impedir la acción de sus asesinos desde su casi invalidez. Lucio Quieto y varios senadores fieles a Trajano aparecen asesinados al unísono. Roma llora la muerte del emperador más laureado de su historia.

Atrás queda como testimonio de su grandeza el formidable desafío tecnológico y aviso para navegantes, el puente de Drobeta sobre el Danubio, de más de un kilómetro de largo, la unión del Nilo con el mar Rojo, el puente de Alcántara sobre el Tajo, innumerables ciudades de impecable factura urbanística, etc.

Su genial amigo y arquitecto, Apolodoro de Damasco, diseña y construye la Columna de Trajano, donde eleva la palabra "arte" a su máxima expresión. Celebración de sus conquistas militares en las campañas Dacias, es desde entonces y para la posteridad uno de los símbolos de la eternidad de Roma. Con 30 metros de altura, en su interior tiene una escalera de caracol que llega hasta su culminación. Un fresco de 200 metros de largo y más de 2.000 figuras esculpidas en bajorrelieve suben en espiral hacia el infinito. Coronada por una estatua del emperador, y lamentablemente usurpada en el año 1588 por una de San Pedro, en su base se colocó la urna funeraria de oro con las cenizas del difunto emperador, un honor excepcional el de ser sepultado intramuros de la ciudad.

Trajano es una referencia para gobernantes en estos tiempos de prostitución de la política

La Roma infinita, universal e inabarcable, sueño último de Trajano, yace paralizada a las puertas de lo único que es imbatible. Queda la huella en la memoria de uno de los mejores líderes que hayan hollado la historia de la humanidad. Humano defectuoso pero -y esto es lo más importante- autocrítico, prudente y temerario en sabias dosis alquímicas; una referencia para gobernantes en estos tiempos de prostitución de la política.

Fuente.Aquí