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jueves, 18 de octubre de 2012

¿SABIAS QUE? Part... XIX

EL TORO DE FALARIS.

El toro de Falaris es un instrumento de tortura cuyo nombre se atribuye a Falaris, tirano de Sicilia, que murió en el año 554 a. C. Los ajusticiados se introducían en el interior de una efigie de bronce hueca con forma de toro. La efigie se colocaba encima de una hoguera, con lo que la temperatura del interior aumentaba como en un horno. Los alaridos y los gritos de las víctimas salían por la boca del toro, haciendo parecer que la figura mugía. La leyenda cuenta que su diseñador, Perilo, murió al ser introducido en su propia creación por los subordinados de Falaris cuando le presentó el instrumento.


LOS NOBLES MAYAS.

Hacían bizcos a los niños nobles. Les colocaban en la cabeza un cordón con una figurita en el extremo que les caía delante de los ojos, muy cerca, para que al mirarla forzaran la vista. Esa deformación era un símbolo de estatus social. Al igual que las deformaciones en la cabeza, las cuales se realizaban con ayuda de unas tablas... Lo que sea antes de parecer plebeyo


EXPERTOS EN SITIAR FORTALEZAS

En el año 73 d.C., las legiones romanas sitiaron la fortaleza de Masada, último reducto de los rebeldes judíos, que fue tomada gracias a la construcción de una gran rampa.


QUIEN FUE A SEVILLA PERDIÓ LA SILLA.

Esta frase tiene su origen en el hecho histórico ocurrido en el siglo XV, durante el reinado del rey Enrique IV de Trastámara. Los Fonseca, familia noble de origen portugués, fueron muy influyentes desde los cargos eclesiásticos a lo largo de los siglos XV y XVI, responsabilidades eclesiásticas que no fueron óbice para tener una gran descendencia. Varios de es
tos personajes se llamaban Alonso, nombre muy común en la familia. Siendo Alonso de Fonseca (1473) personaje muy influyente en la corte del rey Enrique IV y arzobispo de Sevilla, su sobrino del mismo nombre y apellido fue nombrado arzobispo de Santiago de Compostela, a donde fue a tomar posesión de su arzovispado. Allí, el joven sobrino de Alonso de Fonseca se encontró con un arzovispado involucrado en los grandes conflictos que afectaban el reino de Galicia. Al no poder dominar la situación, recurrió a su tío, y de mutuo acuerdo decidieron intercambiarse durante un tiempo la diócesis; una vez que Alonso de Fonseca tío solucionó los conflictos de la diócesis compostelana, volvió a Sevilla como había acordado con su sobrino: pero el incapaz y ambicioso sobrino se negó a devolverle su silla arzobispal.



LAS PAREDES OYEN

Esta expresión proverbial nació en Francia y procede de la persecución contra los hugonotes que culminó con la matanza de la noche de San Bartolomé, el 24 de agosto de 1572. Cuentan los cronistas que la reina Catalina de Médicis (1519-1589), esposa de Enrique II, rey de Francia, era muy desconfiada y persecutora implacable de los hugonotes. Para poder escuchar mejor a las persona
s de las que más sospechaba, mandó practicar una red de taladros, hábilmente disimulados entre las molduras, en las paredes y techos del Palacio Real. Este sistema de espionaje dio origen a la frase las paredes oyen, a la que recurrimos para advertir la prudencia y precaución con que debemos decir lo que puede comprometernos o involucrar a otras personas.