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miércoles, 12 de septiembre de 2012

La tumba del gladiador traicionado

“Tras derrotar a mi oponente Demetrius, no lo maté inmediatamente. El destino y la maliciosa traición del summa rudis me mataron”. Este es el epitafio que decora una antigua tumba romana, con una antigüedad de unos 1.800 años, que perteneció a un gladiador llamado Diodorus. Hasta ahora, la interpretación de la lápida mortuoria resultaba incomprensible para los historiadores, pero un investigador, Michael Carter, profesor en la Universidad de Brock en St. Catharines (Canadá), ha conseguido descifrarla después de años de estudio.

Carter lleva varios años estudiando las luchas con gladiadores y otros espectáculos practicados en el Este del Imperio Romano, y acaba de presentar los resultados de su estudio sobre la tumba de Diodorus, que será publicado en el próximo número de la revista Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik (Diario de Papirología y Epigrafía Antigua). La tumba en cuestión fue descubierta hace ahora un siglo en la costa sur del mar Negro, en Turquía, pero años después fue cedida al Musée du Cinquantenaire, en Bélgica. En opinión del investigador canadiense, quien ha estudiado cientos de tumbas de gladiadores, el epitafio encontrado en esta “es completamente diferente a cualquier otra; está contando una historia”, explicó a la prensa.


Según Carter, las luchas de gladiadores se regían por un buen número de reglas bien detalladas y, a diferencia de la imagen que suele dar Hollywood de ellas, los combates no solían ser a muerte, aunque sí se producían fallecimientos a causa de las heridas recibidas. Una de las reglas que se conocen es que los combates estaban supervisados por el summa rudis, una especie de árbitro, que podía decidir, por ejemplo, que un gladiador derrotado salvara la vida si se rendía y si elmunerarius (el patrocinador del espectáculo) estaba de acuerdo. En otros casos, el summa rudis también podía permitir que uno de los contendientes volviera al combate si sufría una caída o un accidente que no estuviera causado por su enemigo.

Esto es, precisamente, lo que podría haber ocurrido en el caso del desafortunado Diodorus. En función del epitafio grabado en la tumba y del relieve tallado en la misma, Carter ha interpretado que Diodorus –representado en el grabado de pie, con dos espadas o cuchillos en la mano, y con su oponente derrotado en el suelo– pudo haberse impuesto a Demetrius, aunque más tarde el árbitro de la lucha decidió que éste podía seguir luchando. De este modo, Diodorus habría sido cogido desprevenido, y acabó falleciendo en el combate. Habrían sido sus familiares o amigos quienes, al enterrarlo, registraron su malestar y enfado con el summa rudis, a quien culparon de la muerte del gladiador.