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jueves, 9 de junio de 2011

Sobre Brujas y Sexo

El férreo control de las conductas y la moral de la población por parte del Santo Oficio pretendía evitar problemas heréticos más profundos.
La brujería se comtempló desde la Antigüedad como vehículo a través del cual el mal se infiltraba en la sociedad.
En un entorno poco instruido, las personas que mostraban un estilo de vida distinto al de la mayoría-poniendo en duda, conscientemente o no, los valores y el orden establecidos- pasaban a ser sospechosos de brujería y causantes de todas las desgracias generales.
Mujeres solas, que por su vida independiente cuestionaban el patriarcado, de pobre condición,en medios rurales y con comportamientos extraños a la norma (madres solteras, prácticas curanderas o abortistas,inestabilidad psíquica...)eran las perfectas candidatas.
La misoginia subyacente era clara: la mujer, que era débil mental, resultaba presa fácil del Diablo.Y más apartir del siglo XVI, en que, de la mano de la Reforma y la Contrarreforma, se intensificó el sentido de el pecado, así como el miedo al infierno y a Satanás.
La cifra de procesadas en la península, aunque siempre deplorable. no fue tan alta como suele creerse.
Solo unas 4.000 personas fueron acusadas de esta práctica,y ajusticiadas  una pequeña parte.
A lo lardo del siglo XVII los procesos se redujeron hasta desaparecer en el siguiente cuando se asumió que a menudo eran delitos inventados o fruto de la superstición


Los vicios de la carne:
Rebasar la rígida moral y las normas sexuales y hacerse eco de ello equivalía a dejarse caer en manos de la Inquisición.
La iglesia toleraba la prostitución y las relaciones extramatrimoníales como pecado inevitable de la carne, e incluso el amancebamiento de los sacerdotes, pero siempre que no provocasen el escándalo público, lo que no podía tolerar era la apología de los goces carnales.
Las relaciones de pareja no destinadas a procreación también eran objeto de castigo, aunque resultaban difíciles de probar.
La bigamia, el bestialismo y la sodomía se perseguían, pero la sanción estaba tamizada por el nivel económico
del acusado, los que acababan en la hoguera solían ser de un estrato mas humilde.
Existía un fuerte corporativismo cuando los infractores eran Clérigos, solía recluírselos de por vida en un convento y corría sobre el asunto un tupido velo.
En estas faltas, los castigos se fueron suavizando a lo largo del siglo XVII, siendo clasificados al final como "aberraciones mentales" y, por tanto, no sujetos a penas severas.
Ocurrió algo similar con los delitos de blasfemia.
Propuesta indecente:
Otros de los delitos perseguidos fue la petición de actos sexuales por parte de sacerdotes a sus fieles, aprovechando la intimidad de la confesión.
Tras el concilio de Trento, el Santo Oficio se hizo cargo de su persecución( antes de eso dependía de los tribunales episcopales), dada su gravedad.
Lo cierto es que no era un simple atentado al celibato, si no una burla al sacramento que daba a los protestantes peligrosos argumentos. sin embargo, para no desprestigiar a la iglesia, los procesos sobre este tipo de infracciones eran secretos.
El aquelarre
Francisco de Goya17971798
Ningún reo fue condenado a muerte, pero si a prisión mayor e incluso a galeras, lo que era comparable a la pena máxima, por las durísimas  condiciones que suponía ser remero en las naves del rey.
En ese sentido se prefirió efectuar pocas condenas, pero eso si, ejemplarizantes.


Fuente. http://www.claseshistoria.com/revista/2012/articulos/ortega-brujeria.pdf