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lunes, 3 de septiembre de 2012

Hugo Boss, el sastre de los nazis.

Observar los uniformes nazis en un primer momento nos producen rechazo, pero sí lo vemos con detalle y retiramos su cruz esvástica encontramos que tienen su atractivo.
Espectacularidad, riqueza y diversidad son los tres conceptos que definen estos diseños de la Alemania nazi. El Tercer Reich no dudó en cuidar su imagen como estrategia en su ascenso al poder, hoy estaríamos hablando de un marketing muy bien estudiado.



La prestigiosa y archifamosa marca Hugo Boss, sin olvidar otras como Ford, Chanel, Volkswagen, General Motors, IBM o la petrolera Standard Oil Corporation, participó y se benefició del totalitarismo nazi, así lo demuestra cuentas bancarias suizas y documentos donde los relacionan.


Hugo Boss creó su taller de confección en 1923, en Metzingen en plena República de Weimar. Sin embargo, el negocio no era rentable y en 1931 estaba a punto de ir a la quiebra .
Hugo Boss no podía pagar a los 22 trabajadores que tenía en su empresa y la fabricación de impermeables y de ropa de trabajo no tenía mucha salida. No obstante, los tiempos cambiaban en Alemania al empezar la década de los 30.

El NSDAP, el Partido Nacional Socialista Alemán, consigue importantes cuotas de poder y Hugo Boss no duda en afiliarse.

Lo haría el 1 de abril de 1931, con el número 508.889, viendo que este partido era una fuerza a punto de acaparar todo el poder en Alemania.
Tras superar algunos problemas económicos, Boss pronosticó que el negocio era vestir a las fuerzas Hitlerianas; no dudó en hacerlo.
El crecimiento del nazismo en Alemania era evidente y en 1933 llegó al poder. Dos años más tarde, en 1935, Hugo Boss dejó de lado la fabricación de ropa civil y se dedicó sólo a la confección de uniformes.

Como decíamos la primera sastrería de Hugo Boss fue fundada en Metzingen, localidad en la que entabló amistad con el también empresario textil Herold, de origen judío. Según los testimonios de los vecinos, Herold y Boss mantenían una sensacional relación, la cual se dió al traste con la llegada al poder de los nazis.
En 1938 la familia Herold huyó a Holanda tras la noche de los Cristales Rotos, cuentan que la empresa de Boss se quedó con toda la maquinaria y locales que poseía la empresa de Herold.

La marca aprovecharía, además, la mano de obra barata judía. Tras la caída de Hitler no fue hasta la década de los noventas cuando comenzó de nuevo su fama mundial.