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miércoles, 15 de octubre de 2014

Metanfetamina: El arma secreta nazi

Esta sustancia fue empleada por los soldados de Hitler debido a que les permitía estar despiertos durante muchas horas.



No han pasado ni dos días desde que un coleccionista hizo público que había hallado unos informes que afirmaban que Hitler tomaba regularmente metanfetamina. Al parecer, esta sustancia le era recetada por uno de sus médicos, el cual consideraba que le podía ayudar a mantener la atención durante las interminables horas que pasaba tras una mesa organizando su particular Tercer Reich. Sin embargo, el Führer no era el único que la consumía pues, en aquella época, era muy utilizada por los soldados nazis, pues lograba mantenerles despiertos durante horas y estar siempre alerta. 

A pesar de que parece un invento relativamente moderno, la metanfetamina cuenta ya con casi un siglo de vida. Creada en 1919 en Japón usando como base la anfetamina, esta droga fue ampliamente utilizada en la Segunda Guerra Mundial. Por entonces, lasinterminables horas de guardia y las defensas a ultranza de las trincheras a cualquier hora provocaban un cansancio extremo en los combatientes. En base a ello, muchos países consideraron necesario darles un pequeño «empujoncito» para que pudieran mantener los ojos abiertos durante más tiempo.

Entre las naciones que más repartieron la sustancia entre sus militares destacaron Alemania (a pesar de las quejas de multitud de oficiales nazis) y Japón (el país que la vio nacer), donde no era raro que los kamikazes la ingirieran o se la inyectaran en grandes dosis con el objetivo de acudir eufóricos a morir por su país. Posteriormente, y tras la contienda, esta droga fue puesta al alcance del público ycomercializada en forma de medicamento. «La droga se usó en descongestionantes nasales e inhaladores bronquiales», explica el «National Institute on Drug Abuse» (NIDA).


A su vez, y con el paso de los años, el desconocimiento de sus posibles efectos secundarios a largo plazo provocó que fuera utilizada en la década de los 60 por muchos médicos y dietistas. Hace 50 años los derivados de las anfetaminas y la metanfetamina eran recetados por los médicos para hacer adelgazar a sus pacientes durante las dietas, ya que reducía el apetito. Lo utilizaban por entonces sobre todo las señoras. Pero, al final, se vio lo dañinos que eran.



Pero ¿Qué es la metanfetamina? Conocida en la actualidad como «meth», «hielo» o «speed», puede definirse como una droga estimulante y adictiva. «La metanfetamina afecta el sistema nervioso central. Es un polvo blanco, cristalino, sin olor, y con sabor amargo que se disuelve fácilmente en agua o licor», completa el «National Institute on Drug Abuse». De la misma opinión es el «Servicio de Drogodependencia y otras adicciones de la Rioja» que, en su sitio Web explica que se presenta en polvo y se consume a través de la nariz.

En cuanto a su uso, la metanfetamina se ha hecho famosa es por su efecto estimulante, ya que produce, entre otras cosas, una disminución radical del cansancio -algo esencial para los soldados que, en medio de la Segunda Guerra Mundial, sabían que mantenerse despiertos podía significar la diferencia entre vivir o morir-. «Es muy común que esta sustancia produzca insomnio y falta de apetito mientras se consume. Es una droga que, en cierto modo, pudo ser muy útil durante aquellos años, pues permitía a los combatientes estar con los ojos abiertos durante muchas horas seguidas (hasta 48) y, después, irse a descansar», completa el experto español a este diario.
Unos riesgos demasiado altos

El problema que tenía esta sustancia para los oficiales nazis era que, a pesar de que tenía efectos muy útiles durante los extensos combates que se vivían en Europa, también producían todo tipo de consecuencia negativas. «Para empezar la metanfetamina provocan alteraciones nerviosas. Es decir, que la persona esté constantemente alerta, en tensión. También existe el riesgo de que una persona sufra un brote psicótico tras tomarla, aunque estos se producen normalmente a largo plazo y cuando el consumo es constante»
A su vez, tampoco gustaban demasiado a los responsables militares debido a que podían producir alucinaciones en los combatientes. «En personas jóvenes, de 18 años, pueden provocar trastornos severos que se pueden materializar de diferentes maneras. La primera es con alucinaciones visuales (en el caso de los soldados en la Segunda Guerra Mundial,ver por ejemplo a un enemigo que no estaba allí). Por otro lado, también están las alucinaciones auditivas internas (oír, por ejemplo, una voz en tu cabeza que te dice que mates a tu teniente) oexternas (escuchar a alguien a tu alrededor, pero mirar y no ver nada», añade el experto español.

Los soldados, a su vez, podían sufrir delirios, como bien explica el director de la clínica a este diario: «Los delirios son más frecuentes. Se producen cuando alguien hace una interpretación errónea a algún estimulo externo. Si, por ejemplo, alguien te mira en medio de la calle, tú puedes pensar que puede que te conozca de algo. Alguien con delirios puede considerar que está planeando hacerle algo malo y actuará, por ello en consecuencia. En ese caso, no sería raro que un soldado disparara contra sus propios compañeros»
Los otros efectos

A corto plazo, además, la metanfetamina aumenta la sudoración de aquel que la haya consumido, genera vértigos y temblores e, incluso, agresividad e irritabilidad. Además, puede llevar a problema todavía más serios: «También puede causar una variedad de problemas cardiovasculares, incluyendo un aumento en la frecuencia cardiaca, latido irregular del corazón y elevación de la presión arterial. Una sobredosis de la droga puede elevar la temperatura del cuerpo a niveles peligrosos (hipertermia) y producir convulsiones, que si no se tratan inmediatamente pueden resultar fatales», completa el «National Institute on Drug Abuse».

Por otro lado, si el abuso de la metanfetamina es constante, se puede desarrollar una tolerancia a ella. Esto lleva al cuerpo a acostumbrarse a sus efectos y a necesitar una cantidad mayor para sentir las sensaciones a corto plazo que, anteriormente, se conseguían con una dosis pequeña. «Con el fin de intensificar los efectos deseados, los abusadores pueden tomar dosis más altas de la droga, consumirla con más frecuencia o cambiar el método de administración. El síndrome de abstinencia ocurre cuando el abusador crónico deja de usar la droga y entre sus síntomas están la depresión, la ansiedad, el agotamiento y un deseo vehemente por la droga (“craving”)», finaliza el NIDA.