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jueves, 23 de mayo de 2013

El edificio que fue enviado, piedra por piedra, por correo postal.

En 1913, el bajo precio de los envío postales animó a un empresario a emplear el correo postal para enviar los ladrillos con los que se construiría el Banco de Vernal
La implantación del servicio postal supuso un gran avance para muchas localidades rurales, ya que les permitía recibir toda clase de objetos a precios reducidos. Este sistema de transporte era tan eficiente que un hombre de negocios decidió aprovecharlo para enviar un edificio completo.

En 1913 el empresario W.H. Coltharp había empezado a construir un edificio en Vernal, una pequeña ciudad de Utah, que debía acoger la sede del banco local. Gracias a sus contactos, Coltharp compró una partida de ladrillos a muy buen precio en la “Salt Lake Pressed Brick Company” una compañía dedicada a los materiales de construcción situada a unos 193 kilómetros de Vernal.

Cuando el empresario quiso transportar los ladrillos, descubrió que los descuentos que ofrecía el recién inaugurado Servicio Postal de Estados Unidos hacían que fuera mucho más barato enviarlos poco a poco a través del correo postal que utilizando otros medios más convencionales.

Ni corto ni perezoso, Coltharp decidió mandar los 80.000 los ladrillos que darían forma a su edificio por correo, siempre atendiéndose a la normativa que regía el servicio. Para ello tuvo que embalarlos cuidadosamente en cajas de peso inferior a veintidós kilos y no pudo enviar más de cuarenta cajas al mismo tiempo.

La ruta que siguieron los ladrillos fue la marcada por las líneas de correo postal y no el camino más corto. Así, todas las cajas fueron trasladadas desde Salt Lake City hasta Mark (Colorado) a través del ferrocarril de Denver y el río Grande. De Denver, los paquetes se trasladaron hasta Watson en otro ferrocarril de vía estrecha. Y, finalmente, de Watson llegaron a Vernal en vagones de mercancías convencionales. En total, los ladrillos recorrieron unos 650 kilómetros, más del triple de la distancia que separaba Salt Lake City y Vernal.

Gracias a esta audaz idea, la sede del Banco de Vernal se construyó por debajo del presupuesto previsto. Sin embargo, la compañía postal decidió cambiar la normativa de envíos para evitar que se repitiese una situación similar.

En la actualidad, este edificio, que ostenta el récord de ser el mayor objeto enviado por correo de la historia, sigue en pie y acoge una de las oficinas del Zion’s Bank.