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lunes, 29 de octubre de 2012

El doctor McLaughlin y su «vigorizador eléctrico»

A juzgar por la gran cantidad de páginas de publicidad que contrató en ABC y otros muchos periódicos a principios del siglo XX, el doctor McLaughlin tuvo ciertamente que forrarse con su invento. No le debía ir mal, y no es para menos, porque su «vigorizador eléctrico» lo curaba absolutamente todo a base de, según anunciaba, largas sesiones de corrientes continuas de electricidad de baja tensión.
Ninguna enfermedad o dolencia se le resistía: del asma a la impotencia, pasando por el reumatismo, gota, artritis, bronquitis, reuma, estreñimiento, catarro, dolores de cabeza, espalda o estómago, neurastenia, ciática, anemia y todo tipo de enfermedades crónicas.
Anuncio del vigorizador eléctrico publicado en ABC, en 1903

«¿Eres un hombre cuyas fuerzas están agotadas? ¿Con dolores en los riñones? ¿Con la vitalidad perdida o con alguna enfermedad?», preguntaba una de sus anuncios publicitarios, en los que solía incluir a hombres fornidos y bellas mujeres encantadas con el nuevo aspecto de estos. «La electricidad, desde el punto de vista terapéutico –aseguraba otra publicidad–, es considerada como un poderoso agente modificador del sistema nervioso, capaz de transformar las condiciones fisiológicas del organismo. Sus efectos tróficos son de antiguo conocidos e indudables».
VIGORIZADOR ELECTRICO Dr. McLaughlin

Electricidad, desde la Grecia antigua

Lo cierto es que la electroterapia no era entonces una disciplina nueva. El arte y la ciencia del tratamiento de lesiones y enfermedades por medio de la electricidad se remonta incluso a la época griega y romana, donde está documentado que ya aplicaban las descargas del pez torpedo como medio de sanación (ya que posee órganos capaces de producir fuertes descargas eléctricas para capturar a sus presas).



Aunque actualmente la tecnología de la electroterapia se ha desarrollado mucho gracias a aparatos con los que no se corren riesgos de efectos secundarios –como los TENS o los estimuladores de alta o baja frecuencia–, lo cierto es que el vigorizador de McLaughlin parece ciertamente ambicioso.

«Llena el cuerpo de fuerza nerviosa, estimula la circulación de la sangre y restaura toda la energía mental y física perdida en otros tiempos. Es el remedio de la naturaleza. El trabaja mientras tú duermes. Satura el cuerpo de una corriente eléctrica, cuya suave sensación es agradable y cura las enfermedades», decía, al tiempo que ofrecía una consulta gratis.

Y por si aún no estaban convencidos, ofrecía los supuestos testimonios de pacientes como un tal Santiago, cuya mujer, que «estaba gravemente enferma de reumatismo de todas las articulaciones, postrada en cama y con desesperantes dolores, uso su vigorizador eléctrico milagroso, y a los tres días se sintió mejor».

En fin, si a usted le duele algo o padece alguna enfermedad, puede buscar uno de estos vigorizadores eléctricos del doctor McLaughlin en alguna tienda de antigüedades, pero no se lo aconsejamos. ¡Vaya a su médico de cabecera mejor!


Fuente.http://www.todocoleccion.net/vigorizador-electrico-dr-mclaughlin-1900~x31640996http://www.abc.es y http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1907/04/14/006.html