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viernes, 13 de abril de 2012

Las pirámides fueron obra de trabajadores libres, no de esclavos o extraterretres

Para la memoria colectiva, alimentada por la tradición judeocristiana y las películas de Hollywood, las pirámides fueron erigidas por esclavos desnutridos encargados de arrastrar toneladas de piedra mientras eran maltratados por sus capataces a ritmo de látigo. Unos pocos van más allá y las consideran una prueba de la presencia alienígena en el planeta Tierra en un momento remoto - sin ninguna prueba- claro está.

Pues no: ni siervos desnutridos ni hombrecillos de otra galaxia. Los hallazgos confirman que los 'peones' de los faraones era un ejército de trabajadores de la construcción, bien alimentado, organizado y completamente libre -como ya apuntaban algunas investigaciones de los años 90- que realizaba su trabajo de forma profesional. - y con pruebas arqueológicas, que lo respaldan-.


Han sido halladas las tumbas de decenas de trabajadores que levantaron las dos pirámides más antiguas del Valle de Giza, Keops y Kefrén, al principio de la Cuarta Dinastía o, lo que es lo mismo, hace más de 4.500 años. Se trata de pozos que contienen docenas de esqueletos pertenecientes a los jornaleros, bien preservados gracias a la arena seca del desierto y enterrados junto a jarras de cerveza y pan para su otra vida.
"Estas tumbas fueron construidas al lado de la pirámide del rey, lo que indica que esta gente no era de ninguna manera esclava", explicaba Hawass en más de una ocasión. "Si hubiesen sido esclavos, no se les habría permitido construir sus tumbas al lado de la de su rey".Y en este caso, me voy a inclinar a favor del Dr Hawass- no siendo santo de mi devoción- me inspira más confianza que la teoría de los hombrecillos y piedras que vuelan o se colocan solas en su lugar.


El panteón más destacable de los hallados en la zona, es una estructura rectangular con techo abovedado que contiene varios nichos. La bóveda confirmaría que la edificación data de principios de la Cuarta Dinastía. Otros dos panteones inferiores en tamaño, más al sur, provienen de la misma época.
La situación de las tumbas, al sur de las tres pirámides y de la imponente Esfinge y a la entrada de una necrópolis, no es la única razón que lleva a los arqueólogos a replantearse el estrato social al que pertenecían los obreros. Los nichos albergaban trabajadores que levantaron las pirámides de Khufu y Khafre. Anteriormente,se habría encontrado inscripciones en las paredes en las que los peones se calificaban de "amigos de Khufu", lo que vendría a demostrar el respeto que sentían hacia el faraón para el que edificaban.


También se encontraron pruebas de que los granjeros del Delta del Nilo enviaban cada día 21 búfalos y 23 ovejas a la explanada donde fueron levantadas las pirámides para alimentar a los obreros, que no se calculan en más de 10.000 pese a la estimación del historiador griego Herodoto, que hablaba de 100.000 'esclavos'. Los peones rotaban cada tres meses, podían ser atendidos in situ de las lesiones que les producía su labor y aquellos que fallecían durante el trabajo eran sepultados en el área. Los ganaderos egipcios que les enviaban los alimentos estaban exentos de pagar impuestos, lo cual es atribuido al hecho de que participaban en un proyecto nacional.



El hallazgo de las tumbas de los constructores de las pirámides es uno de los descubrimientos más significativos de los siglos XX y XXI, y viene a confirmar las primeras investigaciones realizadas en los años 90, en las que los expertos ya cuestionaban el mito de los esclavos. En concreto, fue el egiptólogo Mark Lehner quien dio con las claves de quién había levantado las pirámides. Tras realizar un estudio geológico inaudito en el Valle de Giza, los estratos de las piedras y los fósiles hallados en las piezas que forman las tumbas faraónicas le permitieron hacer el camino inverso que hicieron las rocas, y de esa forma logró aproximarse al área donde tenían que haber residido los trabajadores. Su esfuerzo permitió el hallazgo de dos ciudades vecinas que albergaban a los peones de los faraones, las mismas que siguen siendo excavadas por las autoridades egipcias.

Para los antiguos egipcios, cuando el faraón moría se convertía en Osiris, rey de los muertos, mientras que su sucesor se transformaba en Horus, Rey de los Cielos y protector del Rey Sol. La creencia implicaba que parte del alma del rey fallecido, llamada Ka, permanecía en el cuerpo, lo cual obligaba a momificar el cadáver para evitar su descomposición, lo que sin duda dificultaría su labor como nuevo rey de los muertos. Algo semejante sólo podía traer desgracias al Antiguo Egipto. De ahí que la momificación y la edificación de la tumba donde el rey descansaría fueran extremadamente cuidadas.

Esas convicciones en una sociedad fuertemente jerarquizada y religiosa apoyan la idea de que trabajar en la construcción de las tumbas de los faraones fuera un trabajo anhelado, profesionalizado y en absoluto infravalorado. Desde que, hace 20 años, fuera hallado casualmente el muro exterior de lo que se supone que fue una de las ciudades de los constructores -para gran alegría de Lehner-, las excavaciones han hecho emerger la panadería más antigua de Egipto, que podía hornear miles de hogazas al día, así como casas, cementerios, graneros y carnicerías donde se han hallado miles de restos de ganado.

Según 'National Geographic', algunos de los obreros trabajaban de forma permanente para el faraón, mientras que otros eran reclutados en pueblos cercanos para faenar de forma temporal. Entre los restos de trabajadores exhumados se han hallado mujeres.

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