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martes, 29 de septiembre de 2015

El inventor del televisor murió alcohólico y hundido

La guerra se cruzó en su camino y, para cuando el mercado repuntó, la patente, de dominio público desde 1947, había terminado


«Un haz de electrones desviado magnéticamente para que operase línea por línea». Esa fue la solución a la que un niño granjero de Utah llegó mientras araba los campos familiares a bordo de una cosechadora. Se llamaba Philo Taylor Farnsworth, y acababa de resolver una fórmula que ya buscaban las grandes industrias de la electrónica: un híbrido entre el cine y la radiodifusión, es decir, como retransmitir imágenes en movimiento. Lo que conocemos como televisión.



Farnsworth era un niño despierto y autodidacta, nacido en 1906, en el seno de una familia humilde. Desde pequeño comenzó a interesarse por la electrónica. No hasta los 10 años, porque hasta entonces había vivido en una casa sin luz.

Su familia se mudó a Rigby (Idaho). Allí, además de hablar por teléfono por vez primera, descubrió unas revistas científicas en el desván de la casa, que se convirtieron en su mejor aliado.

Las prácticas las hacía con electrodomésticos caseros, la teoría la devoraba en publicaciones como aquellas revistas. Sabía entonces que una serie de científicos (George Carey, W. E. Sawyer, Maurice Leblanc y Paul Nipkow) habían buscado soluciones para una suerte de mezcla entre la radio y el cine. También había llegado, pese a su corta edad, que las conclusiones a las que estos habían llegado (la televisión mecánica) no funcionarían.

Fue entonces, sobre una cosechadora cuando se le ocurrió la revolucionaria idea con que este texto comienza. Tenía 14 años.

La muerte de su padre hizo que, solo dos años después de haber sido admitido, con 15 años, en la universidad, tuviese que abandonar sus estudios. La idea de su adolescencia siguió en su mente mientras ayudaba a mantener a su familia.

Años después, logró que -no sin reparos iniciales- un promotor financiase la materialización de su idea. El 7 de septiembre de 1927, el sistema transmitió su primera señal: una línea recta en movimiento.

El perfeccionamiento de su invento coincidió en tiempo con los primeros pasos de un desarrollo rudimentario de un científico ruso: Vladimir Zworykin. Pese a que en este diseño había problemas no resueltos, el presidente de RCA, David Sarnoff, financió su proyecto y registró la patente. Cuando el sistema de Farnsworth vio la luz, hubo de pleitear con Sarnoff por la patente.

Ganó. Pero cuando lo hizo su salud y estado mental habían sufrido las consecuencias del golpe, a lo que se sumó una precaria situación de la economía derivada de la guerra y de la gran depresión. La guerra se cruzó en su camino y, para cuando el mercado repuntó, la patente, de dominio público desde 1947, había terminado.

Se retiró de la industria y dedicó su reconocido prestigio a la energía atómica y nuevos proyectos relacionados con la electrónica. Cuando falleció, en 1971, tenía 300 patentes a su nombre, pero también graves problemas con el alcohol, frecuentes episodios de depresión y un anonimato absoluto


Fuente. Aquí