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sábado, 27 de junio de 2015

El topo maligno de la Catedral de León

Sobre la Puerta de San Juan, en el interior de la Catedral de León, cuelga un extraño pellejo oscuro. Es el «topo maligno», el responsable de que las obras del templo sufrieran mil y un contratiempos y se vieran continuamente retrasadas, según la tradición leonesa.


El topillo minaba los cimientos de la Catedral de Santa María de Regla por la noche, echando abajo los trabajos realizados por los canteros durante el día. Cuentan que los leoneses salieron una noche en su búsqueda (o pusieron una enorme trampa en el subsuelo, según la versión de la leyenda que se cite). El caso es que lograron atrapar al enorme animal, al que dieron muerte y colgaron su pellejo en la pared, quizá como testimonio o advertencia.

Ya desde sus inicios en el siglo XIII hubo problemas causados por lamala calidad de los cimientos. En el mismo solar se había levantado antes la antigua catedral, sobre el palacio del rey Ordoño II y éste a su vez sobre unas antiguas termas romanas. 








Ya dijimos que gran parte de su planta está minada por hipocaustos romanos del siglo II, lo que dificultó la buena cimentación de los pilares. La acumulación de humedades y la filtración de aguas ocasionó graves inconvenientes a los maestros. Por otra parte, la mayor parte de los sillares de la catedral son de piedra de mala calidad, deleznable ante los agentes atmosféricos. Además, la sutilidad de su estilo es un desafío a la materia; los soportes son sumamente frágiles, las líneas han quedado reducidas a una depuración total, a base de experiencias muchas veces frustradas.



Éstas han sido algunas de las razones más importantes por las que, ya desde finales del siglo XIV, comenzaron a verse fallos en su arquitectura. En aquella época se resintió al hastial sur, por haberse desequilibrado los pilares torales. Hubo que construir la "silla de la reina", obra del maestro Jusquín. El año 1631 se derrumbaron parte de las bóvedas de la nave central. El Cabildo recurrió a Juan Naveda, arquitecto de Felipe IV, quien cubrió el crucero con una gran cúpula, rompiendo los contrarrestos del sistema gótico, tan distintos de los del barroco. Tanto el hastial como las capillas del sur volvieron a estar en peligro. Aquél tuvo que ser reedificado el año 1694. Quiso poner remedio a estos desastres Joaquín de Churriguera levantando cuatro grandes pináculos sobre los pilares del crucero, a principios del siglo XVIII, pero las consecuencias de esta intervención serían nefastas.


Por León fueron desfilando grandes arquitectos, como Giacomo de Pavía, mientras los males seguían agravándose. El terremoto de Lisboa del año 1755 conmovió a todo el edificio, afectando de manera especial a los maineles y a las vidrieras. El año 1830 aumentaron los desprendimientos de piedras en el hastial sur y, para salvarlo, Sánchez Pertejo reforzó los contrafuertes de toda la fachada.



El 27 de mayo de 1966 un incendio arrasó toda la techumbre de las naves altas.

En las últimas décadas se está trabajando con gran intensidad en el tratamiento de la piedra, sin que haya transcurrido el tiempo suficiente para acreditar la eficacia de estos intentos. Por ello nos preguntamos: ¿Ha muerto, de verdad, el topo de la Catedral?

Fuente. Aquí