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martes, 21 de octubre de 2014

Desentierran una esfinge en California de la 'Ciudad perdida de Cecil B. DeMille'

La estatua es una de las 21 que formaban la hilera que conducía a la ciudad del faraón en el decorado de la superproducción más taquillera de Paramount durante 25 años

Construida por piezas en Los Ángeles, el decorado era a escala natural y se montó en el desierto de Guadalupe a 260 km de Hollywood

Durante años se teorizó sobre la destrucción del set y se conoció como la Ciudad perdida de Cecil B. Demille hasta que un cineasta la localizó en 1983


Es una esfinge desenterrada en el desierto, es una pieza arqueológica, pero no pertenece al Antiguo Egipto ni se ha hallado en la tierra de los faraones, sino en un desierto de California. Un enunciado así parece el tipo de enigma que desataría pasiones entre ufólogos, ocultistas, y demás teóricos de la historia paralela sobre el Antiguo Egipto, la que les otorga toda clase de avances científicos desconocidos para el gran público e incluso vínculos con extraterrestes.

El equipo de artesanos trabaja en una de las estatuas de la película..

Tendrán que esperar otra ocasión para devanarse los sesos, porque lo que han hallado en las dunas de Guadalupe, cerca de la playa de Pisno, es historia, una reliquia de la época dorada del cine deHollywood, cuando las superproducciones de Cecil B. DeMille reinaban en el olimpo de las salas. Sin efectos, sin diálogos, pura imagen y un puñado de carteles para hacer avanzar un argumento que se desgranaba con cada secuencia.


Lo que el equipo del Centro de las Dunas de Guadalupe-Nipomo ha localizado es una de las 21 esfingesde yeso utilizadas como decorado en el taquillazo de 1923, Los diez mandamientos, la legendaria adaptación del cineasta estadounidense nacido en 1900, que rodaría una nueva versión en 1956 con Charlton Heston, en un intento -con éxito- por prolongar la vida de aquellas superproducciones, un cine bíblico grandilocuente, que, con altibajos, ha cautivado a la audiencia a lo largo de casi un siglo y que parece respirar a pleno pulmón, como promete el esperado Éxodo de Ridley Scott que tratará sobre el mismo periplo de Moisés liberando al pueblo israelita del faraón que se ha descrito como Ramsés II, aunque en la Biblia no aparezca mencionado su nombre.
Fotograma de Los diez mandamientos (10923), de Cecil B. Demille.



La preciosa esfinge del decorado de DeMille diseñada por el maestro del Art Deco Paul Iribe, mide 4,6 metros de alto y formaba junto al resto la hilera a ambos lados del camino hacia la ciudad del faraón. La belleza de sus formas no solo reside en la evocación de ese cine primigenio, sino en la grandeza de su construcción, en una época en la que rodar en exteriores no significaba buscar localizaciones por medio mundo -en este caso Egipto- y cuando apenas estaban desarrollados los efectos, no sólo los digitales, sino incluso las maquetas a escala.

Reliquias como la esfinge de los Diez Mandamientos o las estatuas de Ramsés surgían de la necesidad: rodar en un decorado que resultara creíble, requería a menudo construirlo a escala natural. Para lograrlo, DeMille empleó un equipo de 1.500 artesanos que se dedicó a construir las partes de cada pieza que luego transportaron a 260 kilómetros de Hollywood, al desierto de Guadalupe, donde montaron las enormes y huecas estatuas, transformando ante los ojos de los espectadores el paisaje de arena que tenían a unas cuantas horas de las salas de Los Ángeles en el desierto que cruzó Moisés con el pueblo de Israel según el texto bíblico.


El rodaje de Los diez mandamientos no estaba exento de las leyendas de Hollywood como que su decorado fue dinamitado por el equipo una vez terminado el rodaje y sus restos enterrados en zanjas cavadas en la arena, pero en realidad, después de desmontarse fue el tiempo lo que las sepultó cumpliendo su labor de mímesis a la perfección con las antigüedades que pretendían representar. Enterradas durante años esperaron ocultas hasta que el cineastaPeter Brosnan consiguió ubicar el lugar exacto de la localización de la La ciudad perdida de Cecil B. DeMile, como se denominó entonces a partir de la biografía y los recuerdos y pistas de algunas de los extras que aún quedaban con vida.

A partir de 1998, la organización de Brosnan comenzó a colaborar con el Centro de las Dunas de Guadalupe-Nipomo, encargado de la protección del entorno natural, para excavar y conservar el set. Las primeras piezas del cadavérico decorado que halló en 2012 el equipo se deshicieron al tocarlas, su conservación apenas había aguantado un siglo en comparación a las piezas originales de piedra, perjudicadas por la cercanía del mar y su corrosivo efecto. Con sus pedazosse deshizo también la leyenda de su demolición, cuando localizaron, además, otra de las esfinges a escasos metros, en lo que debía ser la hilera que reproduce las escenas de la película.