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lunes, 24 de septiembre de 2012

La loca aventura del "Pájaro Amarillo"

Un 14 de junio de 1929, el 'Pájaro amarillo' aterrizaba antes de la caída del sol en la Playa de Oyambre. Un monolito situado en el mismo punto donde el avión tocó tierra tras 29 horas de vuelo atravesando el Atlántico, conmemora la hazaña de los tres osados pilotos que salieron desde la costa Este de Estados Unidos, sin tener claro cual iba a ser su destino.

Armand Lotti, Cuenta Sánchez de Movellán, era una aficionado a la modernidad. Cuando la aviación empezó a emerger durante la Primera Guerra Mundial, franceses y alemanes lograron reunir una flota de aviones estupenda. Tras la guerra, Lotti decidió que quería hacerse piloto. Encontraba algo en los aviones que le despertaba auténtica pasión. Con los ahorros que tenía decidió comprarse una avioneta a la que bautizó 'Pájaro amarillo'. Reunió a dos amigos suboficiales del ejército francés, Assollant, que era piloto, y Lefreve, experto en navegación, y les convenció para que dejaran el ejército por un tiempo y empezaron a hacer vuelos de pruebas, llegando inclusos hasta Marruecos.

Las autoridades franceses se enteraron de que Lotti tenía unas ínfulas de cuidado, y querían cortarle las alas para evitar que unos de sus vuelos acabara en desastre y esto fuera un desprestigio para el país. Pero Lotti era un tipo perseverante y se había propuesto sobrevolar el Atlántico y, si no podía hacerlo saliendo desde Francia, pues se llevaría el avión a Estados Unidos y volaría en sentido contrario. Y así lo hizo en Southamton, al sur de Inglaterra, desmontó el avión y lo metió en un barco que iba a Nueva York. Allí estuvieron durante tres meses preparándolo todo. Toda la instrumentación de vuelo era muy precaria, y Lotti, un tipo adelantado a su época, tuvo la idea de incorporar una radio.


El polizón

En una playa del Estado de Maine encontraron el lugar ideal para la salida. Sin más equipaje que la ropa que llevaban puesta y un depósito de gasolina hasta arriba, Lotti, Assollant y Lefevre se subieron al 'Pájaro amarillo' rumbo a Francia. En el momento del despegue algo falló, el avión tenía más carga de la que habían calculado. En el último segundo antes de chocar contra un dique, tras un brusco giro, lograron despegar. Una vez en el aire, para sorpresa de todos, encontraron el motivo, un pasajero clandestino a bordo, Arthur Schreiber (que se convirtió de esta forma en el primer polizón aéreo de la Historia)
, tuvo suerte de que Lotti se apiadara de él, ya que si hubiera sido por sus dos compañeros lo habrían tirado al mar.

El vuelo comenzó en calma. Pero trascurridas unas horas alcanzaron una terrible tormenta que les desorientó. Gracias a la radio contactaron con un barco y determinaron que estaban más o menos por encima de las Azores. Ahora su objetivo sería alcanzar el Cabo de Finisterre, e ir sobrevolando la costa del Cantábrico.

Ya por San Vicente de la Barquera el motor empezó a ratear y la playa de Oyambre se perfilaba como la única pista de aterrizaje posible. La maniobra salió perfecta. Aunque su destino final no fue el aeropuerto de Le Bourget en París, como hizo el piloto americano Lindebergh, la hazaña la habían logrado. Pero la noche se les echaba encima y no sabían exactamente en que lugar habían tomado tierra. Allí se debieron encontrar como el aviador de 'El Principito' de Saint Exupéry, que tras un aterrizaje de emergencia llegó al desierto de Sahara sin saber muy bien donde estaba.

Fiesta en Comillas

En este caso los cuatro viajeros en vez de encontrarse con un pequeño príncipe se toparon con un tipo en bicicleta que apareció en mitad de la penumbra. Lotti, sin pensárselo dos veces y con su español mal hablado le preguntó dónde estaba el siguiente pueblo, y éste le dijo que era Comillas. Le pidió la bici y allí que se fue. Una vez en Comillas Lotti explica la historia al alcalde, y les organizan una fiesta por todo lo alto. Al día siguiente los pilotos y el polizón aparecen en la portada de los periódicos.


Pero la proeza no acaba aquí. Ahora tenían que llegar a territorio francés, donde les estaban esperando casi como héroes nacionales. Con el depósito medio lleno volaron hasta llegar a Mimizan, en Las Landas, al sur del país donde hoy en día otro monumento rinde homenaje a los tres primeros pilotos franceses que lograron sobrevolar el Atlántico.