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domingo, 26 de junio de 2011

Matadlos a todos. La cruzada contra los cátaros

El 20 de julio de 1209 el ejército cruzado se halla ante las murallas de Beziers. El obispo da a Arnaud Almaric la lista de los herejes que quedan: doscientos veinte simples “creyentes” a cambio de la promesa de que los demás habitantes serán respetados si la ciudad se rinde. Pero los cónsules electos de Béziers tienen demasiado honor para aceptar tal trato. El obispo exhorta entonces a los católicos a que abandonen la ciudad para ponerse bajo la salvaguardia de los cruzados, pero la gran mayoría de los católicos responden igual que sus cónsules.
Al iniciarse el asalto a Béziers, algunos cruzados preguntaron al legado Arnau Amalric cómo podrían distinguir a los herejes de los católicos .
El abad respondió: "Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos". Aunque esta frase es apócrifa, encaja con la personalidad del líder espiritual de la cruzada Albigense.
Beziers tenia entonces 20.00 habitantes, población que había incrementado con muchos campesinos llegados con su familia y ganado, a refugiarse tras las murallas del azote de la guerra. Tras la matanza Arnaud Amalric, abad general de la Orden de Citeaux, escribió inmediatamente al Papa:

“Los nuestros, sin perdonar rango, sexo ni edad, han pasado por las armas a veinte mil personas. Tras una enorme matanza de enemigos, toda la ciudad ha sido saqueada y quemada: la venganza de Dios ha sido admirable”
.

Emparentado con los vizcondes de Narbona y oriundo de Cataluña, Arnau fue abad de Poblet y de Grandselve antes de convertirse en el abad de Citeaux y cabecera de la orden cisterciense.
El papa Inocencio III, que buscaba autoridad y prestigio, para reformar la lucha contra la herejía, lo nombro legado( representante de la Santa Sede) en 1204, la muerte de los otros legados, situó al hombre adecuado en el lugar y momento oportunos.
Duro, tenaz,cruel, defensor acérrimo de la ortodoxia y de los intereses del papado, Arnau puso en pie la cruzada y la continuo hasta 1213 de victoria en victoria.
Arzobispo de Narbona desde 1212, sese año marcho a España para combatir a los almohades en las Navas de Tolosa.
Pero su intransigencia y excesos le pasaron factura: Roma envió a otro legado en 1214, murió en la abadía narbonesa de Fontfroide en 1225
Arnau Amalric y el papa Inocencio III