En 1196 el Rey Alfonso IX de León retiró a los templarios la propiedad de Ponferrada tras el apoyo de éstos al Rey Alfonso VIII de Castilla, concediéndole la plaza a la Orden de San Juan. Este periodo hospitalario duraría hasta abril de 1211, cuando Alfonso XII restituyó al Temple sus propiedades ponferradinas. En 1216 los templarios ya dominaban toda la zona. En la comarca la Orden del Temple tenía, además, el Castillo de Cornatel a medio camino entre Ponferrada y Las Médulas, coincidiendo con el Camino Real de Invierno que llevaba a Santiago de Compostela, teniendo los caballeros, entre otras misiones, la de proteger a los peregrinos. De hecho, la ruta compostelana pasa justo ante las puertas del castillo:
Durante una tala de madera para el nuevo castillo se produjo -en torno al año 1200- el descubrimiento por un caballero templario de la Virgen de La Encina, patrona de El Bierzo, en el hueco de una vieja encina. Según la leyenda, la imagen habría sido llevada a tierras bercianas desde Jerusalén por el Obispo Toribio de Astorga en el año 450. Otro Obispo de Astorga, San Genadio, la habría ocultado en la primera mitad del siglo X, por temor a los ataques musulmanes. Una estatua del escultor Venancio Blanco, inaugurada en 2003 (bajo estas líneas), recuerda esta leyenda en el casco histórico de Ponferrada, cerca de la fortaleza, junto a la Basílica de la Virgen de La Encina, en la que se conserva una réplica de la imagen original -hoy desaparecida- hecha en el siglo XVI.
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